
El apego y las relaciones son dos cosas íntimamente conectadas. Hoy en día se conoce muy bien que el sistema de apego es un componente fundamental para la formación y estructuración del psiquismo humano. La influencia del apego afecta a la totalidad de la experiencia mental y emocional del individuo. Sin apego la vida humana no sería posible. En este sentido, nadie puede prescindir del apego totalmente, siempre existirá de alguna forma para hacer posible la vida y la relación con los otros. Otra cosa muy distinta es que la existencia de un apego inseguro o desmedido ocasione muchos problemas y que por esa razón deba tratarse a nivel psicológico.
Como brevemente comento en mi libro “Conoce tu ansiedad y aprende a gestionarla”, el apego se construye durante la más temprana infancia, e influye directamente en cómo se desarrolla la personalidad y ciertas estructuras cerebrales. Un apego seguro ayuda en la regulación emocional y a hacer frente a las situaciones estresantes. Sin embargo, un apego inseguro (por ejemplo, ansioso, evitativo o desorganizado) puede conducir al desarrollo de un sistema nervioso hiperreactivo o hipoactivo, dependiendo del caso, y esto influir en gran medida en la experiencia psicológica de una persona y en sus relaciones más importantes.
El sistema de apego es el fundamento a través del cual se construyen los “modelos internos” de una persona, esos modelos que tenemos sobre los demás o nosotros mismos. Funciona como un guion o patrón que condiciona nuestra manera de ir por la vida y de relacionarnos con los demás. Y es que el apego determina la identidad, la autoestima y la confianza en los otros, nuestra manera de sentir, pensar y actuar en las relaciones. Por ello, el apego tiene un impacto significativo en la salud mental, en la resiliencia y la vulnerabilidad a ciertas patologías.
El sistema neurobiológico de apego se activa específicamente en el contexto de las relaciones íntimas y significativas, especialmente bajo condiciones de estrés o amenaza. Esto es algo muy importante de comprender. En contextos menos íntimos o cercanos (como en el trabajo, con conocidos o amigos casuales), el sistema de apego no está completamente “encendido”. Por eso la persona puede funcionar de manera competente y con seguridad, al no sentirse vulnerable ni emocionalmente expuesta ante esas personas. Dentro de las relaciones más íntimas, sin embargo, es donde se ponen a prueba las heridas del apego. Así, por ejemplo, ciertas interacciones con un ser querido se perciben como una amenaza, lo que activa una alta ansiedad, incluso el pánico y las respuestas de lucha/huida/congelación, o al menos conductas orientadas a compensar de alguna manera o evitar la vulnerabilidad ante esa situación.
La comunidad científica valida mayoritariamente la existencia de cuatro estilos de apego principales, con origen en el trabajo pionero de John Bowlby y Mary Ainsworth, y posteriormente continuado por Bartholomew, Horowitz y otros investigadores. Sin embargo, eso no quiere decir que estos cuatro estilos de apego siempre aparezcan en sus formas “puras”, sino que lo habitual es que en las personas exista un estilo de apego más dominante.
El apego seguro
Este tipo de apego es el más saludable, y surge en la infancia como resultado de tener cuidadores que fueron consistentemente receptivos y accesibles, que proporcionaron amor atendiendo adecuadamente a las necesidades del niño/niña. Las personas con este tipo de apego se sienten cómodas con la intimidad y la interdependencia. Tienden a construir relaciones estables, sanas y equilibradas. Confían en los demás, tienen una autoestima saludable y pueden establecer límites adecuados. Manejan bien el conflicto y la separación.
El apego ansioso-ambivalente (o preocupado)
Este apego se desarrolla habitualmente cuando los cuidadores son inconsistentes en su disponibilidad y en las respuestas a las necesidades del niño/niña. Existe por tanto una inseguridad, un miedo al abandono y una fuerte necesidad de intimidad y aprobación, lo que puede llevar a la dependencia emocional.
En las relaciones, estas personas se caracterizan por ser tendentes a la ansiedad y la preocupación, pueden llegar a ser muy demandantes, incluso exigentes, reaccionando con nerviosismo o ambivalencia ante la incertidumbre y la separación.
El apego evitativo (o desestimador-evitativo)
Este apego se gesta fundamentalmente con cuidadores que no estuvieron presentes, que fueron distantes, insensibles o que rechazaban las necesidades del niño/niña. Las personas con este apego se aferran a la autonomía y autosuficiencia, es decir, prefieren la independencia frente a la intimidad. Se sienten incómodas con la intimidad emocional y la vulnerabilidad, les cuesta mucho hablar de lo que les pasa, y tienden a distanciarse o reprimir sus emociones ante el conflicto o la necesidad de apoyo.
Ante situaciones difíciles, el apego evitativo se caracteriza por el silencio, el desdén, la retirada física y emocional, así como por la supresión de sentimientos. Son personas típicamente evitativas, que se desconectan emocionalmente.
El apego desorganizado (o temeroso-evitativo)
Este estilo aparece frecuentemente en personas que han experimentado algún tipo de déficit significativo, trauma o maltrato por parte de sus figuras de apego, lo que les genera miedo, ira y confusión. Se trata de una combinación de los estilos ansioso y evitativo, y resulta en un patrón de comportamiento muchas veces impredecible. Las personas con este estilo de apego, por una parte, desean la cercanía o la intimidad, son grandes necesitadas de amor y reconocimiento, pero al mismo tiempo esa cercanía les produce un elevado malestar, lo que puede manifestarse en reacciones emocionales intensas y conductas contradictorias. Habitualmente esas reacciones se producen con mayor intensidad en periodos de estrés y ante la existencia de algunos disparadores específicos (por ejemplo, ante la desaprobación, la crítica, los intentos de control, el no satisfacer sus altas expectativas y exigencias, la posibilidad de abandono, etc.).
Las reacciones emocionales de tipo explosivo (verbal o físico) ante situaciones interpersonales difíciles son las más características del apego desorganizado. Incluso pueden llegar a autoagredirse. Es decir, hay una clara incapacidad para regular las emociones, con grandes cambios emocionales, y en donde es frecuente que aparezca la agresividad y algunas reacciones defensivas muy intensas. No olvidemos tampoco que en este tipo de apego también hay un componente evitativo que suele hacer su aparición.
Como podemos mejorar el sistema de apego
Cuando existen déficits importantes en el sistema de apego es fundamental la psicoterapia. Normalmente requiere una terapia hablada de cierta duración, y en donde la propia relación psicoterapéutica adquiere una importancia central en el éxito del tratamiento. Una psicoterapia de tipo integradora, humanista o psicodinámica serían las opciones más indicadas.
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