HUMANO DEVELOPMENT autoexigencia y excelencia

Conocer nuestras creencias limitantes y posibilitadoras es algo fundamental en cualquier desarrollo personal o profesional. En principio, una creencia no es positiva o negativa por sí misma, sino que depende de la actitud que haya por detrás. Una creencia puede sernos de utilidad en un momento dado, pero después quizás acabe por convertirse en un lastre que nos ocasione muchos problemas. Por eso hacerse más consciente y saber distinguir entre lo esencial y lo trivial, lo real y lo imaginado, lo auténtico y lo adquirido de las creencias, y preguntarse sobre las cuestiones éticas que pueden estar implicadas, se convierte en un aspecto crucial para la salud mental, el bienestar y la convivencia sana en todos los ámbitos de nuestra vida.

Como comento en mi libro “Conoce tu ansiedad y aprende a gestionarla”, las creencias son las gafas a través de las cuales observamos el mundo que nos rodea y a nuestro propio yo. Se empiezan a desarrollar en la más temprana infancia, viéndose muy influidas por los acontecimientos vitales y por las relaciones que mantenemos con las personas más significativas de nuestro entorno, pero también por la sociedad en la que vivimos a través de los mensajes que constantemente recibimos de ella. Aunque las creencias puedan servir para la adaptación al entorno, o para iniciar un camino de desarrollo, hazle creer firmemente a una persona algo y controlarás su comportamiento. Por eso las creencias son un gran arma de manipulación individual y social.  Quien desea poder, riqueza o reconocimiento puede manipular a los demás a través de fuertes creencias, mediante las emociones y la creación de supuestas necesidades. 

Todas las investigaciones realizadas al respecto nos dicen que no podemos captar la realidad tal y como es, sino que los seres humanos participamos de manera activa en su construcción. Por ello, aunque pueda haber experiencias y significados compartidos, realmente no sabemos cómo las cosas son, independientemente de quien las observa, solo podemos saber cómo las observamos o interpretamos nosotros en un momento determinado. Es el efecto que produce el observador en lo observado.

En buena medida las creencias personales pueden operar a nivel inconsciente o preconsciente, y son más resistentes al cambio cuanto más nucleares sean, en función del impacto de las experiencias vividas y del nivel de elaboración o consciencia que se tenga sobre ellas.

Además, no olvidemos que existe una interacción continua entre nuestros pensamientos, nuestras emociones y nuestras conductas. Así, por ejemplo, una persona puede llegar a tener una determinada creencia debido a algunas experiencias vitales que tuvieron un alto impacto en su cuerpo, en sus emociones, y en su identidad. Es habitual que los déficits experimentados durante la infancia, los traumas, los conflictos o los condicionamientos acaben por configurar creencias arraigadas, o bien que sirvan como caldo de cultivo para el surgimiento de estas. A su vez, tener una fuerte creencia puede provocar que se experimenten grandes emociones y reacciones emocionales. Por eso las creencias llegan a dividir y a enfrentar a la gente y a las sociedades. Todos sabemos que los fanatismos y radicalismos solo conducen a eso. 

Las creencias las encontramos asociadas a determinadas ideas, juicios, expectativas, valores y actitudes. Y se ven fortalecidas o mantenidas por variados mecanismos, como son los beneficios derivados de mantener esas creencias, la profecía autocumplida (lo que hacemos provoca que la creencia original se haga realidad), el efecto Pigmalión (lo que creemos sobre otra persona influye en su comportamiento) u otros de corte más defensivo (negación, proyección, represión, racionalización, idealización, etc.).  

Durante mis sesiones es frecuente que detrás de las creencias arraigadas, que ya se han convertido en limitantes o incluso irracionales en la vida de mi cliente, me encuentre con aspectos o problemas de otro tipo, como he comentado anteriormente. Tras una creencia puede haber una emoción no elaborada (miedo, ira, culpa, vergüenza, etc.), un déficit que se viene acarreando desde hace tiempo o una situación conflictiva que no ha sido resuelta, lo que lleva a que esa creencia (ya sea una idea, juicio, valor o expectativa) se manifieste a través de determinadas actitudes y conductas, y a que incluso funcione como un mecanismo de defensa para no abordar esa situación dolorosa o conflictiva o a contrarrestarla de algún modo. Esto es muy común en la práctica clínica.

En los procesos de coaching, las creencias se manifiestan muchas veces como aquello que está limitando al cliente a avanzar en los retos planteados. Cuando estas creencias no están muy arraigadas el coaching puede ser útil. Sin embargo, no olvidemos que las creencias más nucleares pueden tener su base en experiencias difíciles no elaboradas ni resueltas, que generan un nivel de malestar significativo, con uno mismo o los demás, y esto es algo que no puede abordarse en un proceso de coaching (está dentro del ámbito de la terapia).  

Características de las creencias limitantes y posibilitadoras

Para resumir brevemente las características de las creencias limitantes y posibilitadoras, os diré que las primeras se caracterizan por ser rígidas, dogmáticas, y no basadas en una observación amplia de la realidad. Suponen enfoques parciales, altas necesidades, exigencias y “deberías” hacia los demás, uno mismo o el mundo. Muchas de ellas además se asocian con determinados sesgos y atribuciones (por ejemplo, pensamiento dicotómico, generalización, magnificación o minimización, abstracción selectiva, etiquetación, locus de control, etc.), mecanismos abordados en mi libro.

Una creencia es posibilitadora cuando amplía horizontes y abre posibilidades, cuando construye a partir de la diferencia, cuando sigue siendo flexible, asume los límites y no idealiza, y cuando junto a ella hay unos estándares éticos, sobre uno mismo y los demás, que hacen posible los equilibrios y una vida en convivencia con los otros.

No es lo mismo una creencia que una actitud. Todos conocemos personas que tienen fuertes creencias y pésimas actitudes, y al contrario, personas con ninguna creencia definida y muy buenas actitudes. Lo importante es la actitud, no la creencia. 

Por otro lado, tener una firme creencia es distinto a tener una preferencia. Podemos preferir una cosa a otra, pero eso no nos impide elaborar y ser flexibles con nuestras creencias. 

Como gestionar mejor las creencias limitantes y posibilitadoras

Para gestionar mejor nuestras creencias limitantes y posibilitadoras no hay nada como el autoconocimiento, principalmente bajo la forma de una terapia (si existe malestar significativo o si se quiere profundizar más). Hoy en día muchas personas valoran el acudir a terapia como una necesidad real para la vida cotidiana. Sin embargo, hay personas que creen que todo el autoconocimiento lo pueden hacer por si solos. Tengo que discrepar. Aunque hay algunas técnicas o actitudes muy valiosas que favorecen el autoconocimiento, hay ciertas cosas que muy probablemente uno no pueda ver por sí mismo, o bien tardará mucho tiempo en verlo, debido a la actuación de los mecanismos de defensa, a la ignorancia, los autoengaños y las justificaciones. Como dijo H.W. Shaw “Conocerse a uno mismo no sólo es lo más difícil, sino también lo más incómodo”. Lo deseable es valerse de diferentes métodos para ir avanzando e ir tomando decisiones. Merece mucho la pena.

En Humano Development podemos acompañarte en ese camino de autodescubrimiento. Contáctanos y cuéntanos que necesitas. 

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Las creencias, como impactan en tu vida

 

 

 

 

 

 

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