HUMANO DEVELOPMENT autoexigencia y excelencia

Saber cómo gestionar la emoción de orgullo nos ayudará a desenvolvernos mejor en la vida cotidiana, porque el exceso de orgullo causa innumerables problemas: ya sea en las relaciones humanas, en el logro de objetivos importantes para la persona, en el aprendizaje y desarrollo personal, por la asunción de riesgos elevados, etc. Además, esta emoción aparece de forma transversal en muchos trastornos psicológicos. Podemos encontrarla en trastornos relacionados con la autoestima, la alimentación, las relaciones interpersonales y la regulación emocional (ansiedad, depresión, etc.), si bien adquiere mucho mayor predominio en los trastornos de la personalidad narcisista y antisocial.

Es importante distinguir entre un orgullo positivo (sana autoestima) y un orgullo negativo (orgullo patológico). Una diferencia importante entre ellos es que el primero está más anclado en el presente y se basa en hechos o comportamientos concretos, mientras que el segundo es una creencia generalizada a todo el ser de la persona (en base a lo ocurrido en el pasado y a las expectativas de futuro, o bien sin base alguna como un mero mecanismo de defensa psicológico). El orgullo positivo se asocia a emociones y sentimientos como la alegría y la satisfacción, mientras que el orgullo negativo está frecuentemente vinculado a reacciones emocionales de envidia y rabia. En los trastornos narcisistas, por ejemplo, hay grandiosidad y sentimientos de superioridad, arrogancia o prepotencia, fantasías de éxito, poder, o amor idealizado, una necesidad de admiración por parte de los otros, falta de empatía, manipulación y menosprecio a los otros.

Hay una historia de la psicoterapia que cuenta que una persona se encontró con un amigo, y esté último le preguntó cómo estaba. Aquel respondió: “antes tenía un defecto y es que me creía el mejor, pero ahora lo he superado y soy perfecto”.  Sería un ejemplo gracioso sobre un orgullo desmedido y las dificultades que también acarrea su cura. De hecho, el orgullo excesivo aparece como uno de los factores de estancamiento en un proceso psicoterapéutico (y eso en el caso de que se acuda a terapia, cosa de por sí difícil). El orgullo patológico lleva a la negación de los hechos, a los autoengaños y las justificaciones, a proyectar en los demás los aspectos negativos que no se quieren ver en uno mismo, funcionando muchas veces como un mecanismo de defensa que protege a la persona de tomar consciencia de sus errores, responsabilidades, inseguridades o sentimientos de inferioridad.

Las causas del orgullo desmedido

Como he comentado anteriormente una sana autoestima es deseable, un requisito para el buen funcionamiento del psiquismo. En este sentido, el inicio del narcisismo es una etapa normal en el desarrollo psicológico. El problema aparece cuando ese narcisismo se vuelve patológico porque el Yo se ha investido con un exceso de energía o libido narcisista. Esto puede suceder por diversas razones, pero dejando a un lado los factores genéticos o de la “mecánica” cerebral, habitualmente hay factores ambientales durante la infancia, por la forma de crianza de los padres y los vínculos de apego que se desarrollan, por existir ciertas carencias afectivas o experiencias difíciles que conllevan heridas narcisistas (ese exceso de energía colocada en el Yo sería una forma de protegerse frente al exterior), o bien porque los padres o cuidadores insuflan sentimientos e ideas de tipo “grandioso” en los hijos con su comportamiento. Como comento en mi libro  “Conoce tu ansiedad y aprende a gestionarla”, muchos problemas aparecen por una falta de límites claros, y un niño muy reafirmado por su entorno, que no es capaz de ponerle límites, puede experimentarse como un ser “grandioso”, mostrando así prepotencia y un alto concepto de sí mismo, lo que puede acarrearle muchos problemas al relacionarse con otras personas o cuando las circunstancias no le sean favorables. En este sentido, tampoco debemos olvidar que esta sociedad es el caldo de cultivo, entre otras cosas, para las heridas narcisistas.

Esas heridas narcisistas suelen aparecer por una brecha en la imagen de uno mismo que se originó en el pasado, o bien por una imagen idealizada de nosotros que se ha internalizado. En función de cómo la persona reaccione ante esa herida o imagen idealizada, cómo se proteja de ella o le dé un determinado sentido, aparecerán unas u otras emociones, en mayor o menor intensidad.

Como también ocurre con otras emociones, en el orgullo existe una gran interrelación entre nuestros pensamientos, emociones, sensaciones y conductas, lo que acaba por reforzar más aún esa emoción. Así, podemos sentir orgullo por el tipo de pensamientos que tenemos (por ejemplo, “cuánto valgo”) y por las sensaciones que notamos en el cuerpo y que resultan reforzadoras (por ejemplo, una mayor energía o vitalidad). A su vez, algunas conductas que se llevan a cabo pueden ayudar a mantener esa emoción (conseguir ciertos éxitos y compararse con los demás, rodearse de personas aduladoras, etc.).

Cómo gestionar la emoción de orgullo

Se dice que en la antigua Roma un esclavo susurraba “memento mori” (“recuerda que eres mortal”), al oído de los generales victoriosos para recordarles su mortalidad. Era una forma de hacerles conscientes del peligro de su autoimportancia. Todos sabemos que cultivar la humildad es siempre un gran antídoto para el orgulloso, pero es que justamente tal persona no es humilde y sólo cuando sufre una fuerte crisis vital es cuando puede empezar a plantearse que necesita ayuda (recordemos que en el famoso mito, Narciso acaba sucumbiendo a su propia imagen). 

Si quieres saber cómo gestionar la emoción de orgullo, si esa emoción ya es un problema, te diré que es un proceso que lleva su tiempo, y en donde se precisa elaborar muchas cosas. Por ello considero que la terapia hablada basada en la mentalización y la terapia cognitiva de cierta duración son opciones valiosas.

No debemos olvidar algunos recursos importantes durante este proceso:  trabajar con el Yo y los componentes de la autorregulación emocional. En este sentido es esencial trabajar con la parte “omnipotente” del Yo, con las creencias nucleares y los sesgos de tipo “grandioso”. Durante la terapia es bastante probable que junto al “yo orgulloso” termine por aparecer el “yo vulnerable”. Se trataría de ir integrando ambos aspectos de sí mismo, para pasar de una “egoestima”, que ocasiona tantos problemas, a una sana autoestima. Una autoestima basada en el autoconocimiento, la autoaceptación y el real amor a uno mismo.

En Humano Development podemos acompañarte para que mejores en la gestión de tus emociones. Contáctanos y cuéntanos que necesitas. 

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Cómo gestionar la emoción de vergüenza

Cómo gestionar la emoción de culpa

Cómo gestionar la emoción de tristeza

Cómo gestionar la emoción de ira

Cómo gestionar la emoción de miedo

 

 

 

 

 

 

 

 

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