HUMANO DEVELOPMENT autoexigencia y excelencia

Las discusiones aparecen en cualquier relación, en mayor o menor grado, y en las relaciones afectivas o más cercanas pueden aparecer con una mayor frecuencia. Por eso es importante que aprendamos cómo gestionar mejor las discusiones de pareja.

La tendencia a discutir puede tener su base en nuestra propia psicología, en nuestra personalidad, en las circunstancias del momento y en el impacto que hayan podido tener ciertas experiencias a lo largo de la vida. Cuando abordo una terapia de pareja lo primero que suelo comentar es que hay una parte que tiene que ver con lograr un mayor autoconocimiento y claridad, y otra parte que consiste en aprender algunas estrategias de acción diferentes. Esto último es lo que vamos a tratar en este artículo. Si sabemos cómo gestionar mejor las discusiones de pareja, no sólo estaremos evitando mayores problemas, sino que lograremos construir una pareja mucho más cohesionada y armónica. Y como siempre digo, si hay real amor todo se consigue mucho más fácilmente.

1. Tener claro el foco y el propósito

Antes de comenzar, es importante tener claro cuál es el foco y el propósito de esa conversación. ¿Queremos solucionar un reto difícil, o incluso un problema, o simplemente queremos descargar nuestro malestar? ¿Lo hacemos para tratar de imponer nuestro criterio y buscamos tener la razón? El que reflexionemos primero sobre el foco principal y el propósito último de esa conversación siempre nos ayudará a darnos cuenta de cómo queremos continuar y a evitar el que la misma se convierta en un intercambio de críticas y reproches que solo producirán más dolor.

2. No mezclar distintas cosas en una misma conversación

Para que la conversación vaya bien hay que evitar hablar de retos o problemas diferentes. Es importante enfocarse en el problema concreto o en el objetivo que se pretende (las demás cosas podrán abordarse en otras conversaciones si fuese necesario).

3. Elegir el mejor momento, medio y lugar

Este es un aspecto esencial, pues muchas veces equivocarse en el momento, el lugar o el medio para hablar da lugar a que todo vaya mal.  

No utilices una aplicación de mensajes para hablar de cosas importantes. Hay una altísima probabilidad de que todo se vaya a pique.

Tampoco es recomendable hablar cuando alguien está muy cansado, o cuando siente malestar o está estresado. Es importante acordar previamente el momento, la duración y el lugar para tener esa conversación. En general, se recomienda no discutir ni dar un “feedback” negativo a alguien delante de terceras personas, así como elegir un lugar tranquilo y en donde no haya distracciones. A veces puede ser útil cambiar de ambiente. E incluso puede ser conveniente realizar cada cierto tiempo lo que yo llamo un “consejo de pareja” para revisar las cosas y hablar de los temas más importantes (porque las conversaciones difíciles realizadas sobre la marcha no suelen terminar bien).

4. Hacer turnos para hablar

Si hay frecuentes interrupciones, y no se pueden gestionar, es conveniente establecer unos turnos para hablar. Esos turnos, que no deben ser muy largos, deben respetarse. No hay nada que ponga más nervioso que las continuas interrupciones.

5. Evitar un lenguaje agresivo o crítico

La manera en que nos expresamos tiene un enorme impacto en las conversaciones que tenemos. Para que la conversación pueda terminar bien es necesario el evitar juzgar al otro o hacer referencia al “ser” de esa persona. Hay que poner el foco en los “hechos” (o ejemplos prácticos), las “situaciones” y los “comportamientos concretos observables”, así como el impacto que tienen en uno mismo o en la relación.  No te bases en opiniones personales a la hora de argumentar. Evita los “siempre” y los “nunca”, así como los juicios, reproches y las críticas.  Un ejemplo sería sustituir “tú siempre llegas tarde” por “el martes y el sábado pasado llegaste tarde”. Pues cuando se utilizan los “siempre” y los “nunca” es muy posible que la otra persona se ponga a la defensiva.  Es mucho mejor utilizar un lenguaje basado en tus propios sentimientos, por ejemplo, “me siento frustrado cuando sucede esto”, que en los sentimientos del otro, por ejemplo, “es que no me quieres” o “eres un egoísta”.

6. No sacar otros temas del pasado

Uno de los peores errores que se cometen cuando se produce una discusión es sacar otros temas del pasado. Esto aviva el malestar y el resentimiento. Por ello, céntrate en lo que ha ocurrido y no derives la conversación hacia cosas que te hayan dolido en el pasado. Eso es algo que deberás abordar en otra conversación si necesitas hablar sobre ello. 

Cuando existen experiencias y traumas importantes del pasado, conseguir esto se hace mucho más complicado y el trabajo psicoterapeutico a nivel individual se hace totalmente necesario.

7. Potenciar la escucha activa y la empatía

Muchas conversaciones acaban en una discusión porque reaccionamos mucho en lugar de responder conscientemente, porque mostramos abiertamente nuestro malestar en lugar de escuchar y encontrar un modo de respuesta que no destruya el diálogo.

Cuando escuchamos activamente estamos prestando atención a la otra persona sin interrumpir y mostrando interés por lo que dice. Por ejemplo, resumiendo lo dicho: “según lo que te he entendido, parece que te sientes enojado cuando no contesto a tus llamadas”. En este caso, señalamos lo que hemos podido comprender o bien, en caso contrario, seguimos explorando. La empatía consiste en saber aceptar y conectar con lo que la otra persona siente, y con su punto de vista, aunque no estemos de acuerdo con ello. Como recomendación general, la escucha y las buenas preguntas son grandes aliados.

Incluso, si tu emoción te lo permite (en una discusión fuerte no es nada fácil), ten alguna muestra de cariño mediante un gesto o comentario. No hay nada que desactive más una disputa que una muestra de cariño. Si realmente amas a esa persona, a pesar de las dificultades del momento, muéstraselo de alguna forma. Son pocas las personas que no cambien su actitud ante una muestra de cariño. Esto no significa que no te hagas respetar y que no pongas límites, pues se puede ser firme y al mismo tiempo sensible y generoso.

8. Pedir disculpas y agradecer cuando sea conveniente

Reconocer nuestros propios errores y pedir disculpas por ellos es una de las formas más efectivas de resolver un conflicto. Es posible que te hayas equivocado en algo, simplemente reconócelo y pide disculpas. A su vez, es posible que no te hayas sentido lo suficientemente agradecido por algo: aprovecha la oportunidad para decirlo.

9. Gestionar las emociones

Estate atento a tu lenguaje no verbal y al de tu pareja, no sólo al lenguaje verbal.  Presta atención a las emociones propias y ajenas. Esto te dará pistas de cómo continuar la conversación o si es necesario aplazarla durante un tiempo. Entre las técnicas que puedes utilizar están las siguientes:

  • Técnicas de respiración:  tómate un momento para respirar profundamente.

En la respiración diafragmática, inhala por la nariz llevando al aire a la zona del estómago y contando hasta cuatro, mantén la respiración unos segundos y exhala por la boca contando hasta seis, vaciando todo el aire del estómago. Repite esta respiración varias veces sin forzar. Esto puede ayudarte a calmarte y a reducir la tensión.

Otra técnica consiste en hacer una inhalación profunda y luego exhalar rápidamente, repitiendo este ejercicio varias veces, pero teniendo mucho cuidado de no hiperventilar. 

  • Mindfulness:

La atención plena y la ecuanimidad puede ayudarte a gestionar una discusión. Para ello puedes, por ejemplo, observar tu respiración, sensaciones, emociones o pensamientos durante unos momentos, intentando tomar distancia sobre lo que experimentas en ese momento. A su vez, puedes continuar generando una buena actitud, tratando de observar lo que ocurre sin identificarte tanto con ello.

  • Tiempo Fuera:

Si sientes que la conversación se está intensificando, propón una pausa e incluso sal de la habitación o da una vuelta por unos minutos. Dile a tu pareja qué las discusiones activan tu emoción y que necesitas un momento para procesar las cosas y esa emoción asociada. Esto puede evitar que las emociones se desborden.

  • Escríbelo con anterioridad:

Puedes escribir sobre lo que sientes y cómo vas a abordar esa conversación, antes de tenerla. Esto puede ayudarte a procesar mejor tus sentimientos, a poner más claridad en tus ideas y a preparar la conversación de manera más efectiva.

  • Ejercicio físico:

Practicar ejercicio físico moderado de manera habitual es de gran ayuda para canalizar y movilizar mejor las tensiones acumuladas. Tener tu cuerpo-mente más balanceados es algo que te ayudará a gestionar mejor los momentos difíciles.

  • Humor, en la medida de lo posible:

El humor alivia la tensión, siempre que haya respeto y empatía. Un comentario o una anécdota en el momento más oportuno pueden ayudar mucho.

10. Busca soluciones conjuntas, alcanzando ciertos acuerdos

El objetivo en una discusión no debe ser “tener la razón” o “ganar a la otra persona”. Es posible que nos sintamos muy mal con lo que ha ocurrido, pero queriendo “tener la razón” no llegaremos a ningún buen sitio. La solución ha de ser válida para ambos y hemos de sentirnos suficientemente satisfechos con ella.

  • Identifica claramente el problema (o el objetivo) y no te desvíes de él. Usar algunas frases como “esto nos está generando un problema y podemos resolverlo juntos” puede ayudar.
  • Expresa cómo te sientes y cuáles son tus necesidades en lugar de realizar demandas cargadas de emoción o criticar al otro. Cada persona debe expresar sus necesidades sin exigirlas. En lugar de decir “nunca me prestas atención” se podría decir “me gustaría que me prestes más atención cuando hablo contigo”.
  • Haz peticiones y ofertas: recuerda que para llegar a un compromiso más fácilmente es importante hacer ciertas peticiones, pero también ofertas. ¿Qué es lo que vas a pedir? y ¿qué estás dispuesto a ofrecer?.
  • Explora las opciones disponibles de manera conjunta: se trata de proponer opciones sin descartarlas de inmediato. Incluso puedes escribir las posibles soluciones con antelación y luego compartirlas, sin pretender imponerlas.
  • Evalúa las ventajas e inconvenientes de cada opción para ambos: antes de generar varias opciones, explora las ventajas e inconvenientes de cada una.
  • Llega a un acuerdo o compromiso que sea suficientemente válido para ambos: no busques obtener acuerdos muy exigentes, pregúntate que es lo más importante para ti y pregúntale a la otra persona que es lo más importante para ella A su vez, ten presente en qué puedes ser flexible. Ceder en cosas no significa perder. Lo más importante es tener claras cuáles son las reglas de juego mínimas y las líneas rojas, y saber ponerlas sobre la mesa de la manera más adecuada.
  • Verifica los acuerdos y compromisos alcanzados: pregunta, por ejemplo, “entonces los dos estamos de acuerdo en que a partir de ahora…., ¿es así?”. Recuerda que si no obtienes un “si” no hay un acuerdo, sólo una expectativa. Cuando hay un silencio, o la respuesta es negativa, no hay acuerdo.
  • Haz un seguimiento: una vez que has llegado a un acuerdo, es conveniente realizar un seguimiento de los compromisos alcanzados, revisar si lo acordado se está cumpliendo y está sirviendo para resolver el problema o los objetivos planteados. Para ello puedes prestar atención a ciertos “indicadores” de comportamiento o bien puedes tener una conversación de seguimiento cada cierto tiempo.

11. Celebra el haberos entendido

No hay nada mejor que una discusión termine con un sentimiento positivo y en una buena celebración. Busca la mejor manera de celebrarlo.

En conclusión, hasta aquí hemos visto que las discusiones no son algo siempre destructivo, sino que pueden ser oportunidades para crecer juntos y desarrollar la relación con unas bases más sólidas. Todo depende de cuál sea la actitud de base para solucionar las cosas y el tipo de conversaciones que se tengan. Si hay amor y una buena actitud de base todo es mucho más fácil. Lo importante es comenzar a aplicar estas recomendaciones lo antes posible, pues cuando ya se han producido grandes discusiones todo se vuelve mucho más difícil de solucionar. Y cuando se necesita ayuda, saber pedirla a un profesional que pueda orientarte en tu caso particular es lo más conveniente. 

En Humano Development ofrecemos terapia, coaching y  formación para potenciar las habilidades de comunicación. En nuestras sesiones o talleres abordamos cada caso y cómo tener conversaciones difíciles con una mayor garantía de éxito. Cuéntanos que necesitas. 

En nuestro blog también puedes encontrar otros artículos interesantes relacionados con la pareja y los distintos tipos de conversaciones clave, por ejemplo:

Las relaciones de pareja, un camino de aprendizaje

Cómo diferenciar compromisos de expectativas

El feedback: lo que a mí me pasa con lo que tú haces, no con lo que tú eres

Feedforward: las conversaciones para el desarrollo

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

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