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HUMANO DEVELOPMENTEn nuestro trabajo conocemos a personas que quieren reinventarse. En realidad, todos nosotros hemos sentido en algún momento la necesidad de reinventarnos y esa necesidad puede llegar tras producirse algún cambio vital o crisis personal (un despido, una desilusión, una enfermedad, la pérdida de un ser querido, etc.) o bien ser la consecuencia de un periodo prolongado de acumulación de estrés y malestar o por la falta de sentido vital.

Reinventarse está de moda pero, ¿para qué queremos reinventarnos?. Y es que las razones pueden ser muchas: unos te dirán que para salir del tedio vital y el estancamiento donde han estado inmersos, otros para poder ganarse la vida, otros para hacer aquello que les gusta e incluso conseguir el éxito que tanto anhelan, y así tantos otros “para qué”. Pero como acertadamente señalaba Stephen Covey ¿cuál es el sentido de subir hasta la cima de una escalera si cuando llegas te das cuenta de que estaba apoyada sobre la pared equivocada?.

Para poder reinventarnos con éxito lo primero es empezar a preguntarnos para qué queremos reinventarnos, ¿para seguir viviendo como hasta ahora? ¿para seguir estresados y con ansiedad? ¿para no disponer de tiempo de calidad para nosotros o nuestros seres queridos?. Si es así, quizás sea mejor que no nos reinventemos, que sigamos con nuestra vida dentro de nuestra «caja de confort» y viendo pasar el tiempo, pues la escalera seguirá apoyada sobre la pared equivocada.

Conectar con nuestros verdaderos valores, necesidades e intereses vitales es una parte importante del proceso de reinvención. Nadie puede “hacerse” si no se escucha y conecta consigo mismo, si no se conoce e indaga en aquello que le importa y da sentido a su vida. Para esto suele ser muy útil repasar los tres ámbitos de nuestro equilibrio personal, el del “yo”, el “trabajo” y las “relaciones”, y discernir con claridad cuáles son nuestros fines y los medios para alcanzarlos, diferenciando entre aquello que es imprescindible y lo que podemos ir descartando sin mayores problemas.

Otro paso es el hacernos conscientes sobre cómo podemos aprovechar las distintas oportunidades que tenemos ante nosotros. Estamos tan acostumbrados a ver las cosas de una determinada manera, que esas oportunidades nos pasan desapercibidas. Estamos tan condicionados e influidos por nuestra educación y nuestras experiencias del pasado, que el miedo al futuro y nuestros “deberías” toman el mando de nuestra vida. Vivimos tan preocupados por mantener una imagen ideal que somos nosotros mismos quienes nos cerramos las puertas.

Es llamativo comprobar cómo hay gente que quiere reinventarse, pero esa reinvención no es para vivir más plenamente, con una mayor conciencia y conexión con ellos mismos y con el tipo de vida que les hace sentirse bien. Kierkegaard decía que “la decepción más común es no escoger o no poder ser uno mismo, pero la forma más profunda de decepción es escoger ser otro antes que uno mismo”. Quiérete un poco más. Recuerda que “la medida del éxito es el éxito a tu medida”. Y que no hay mayor coste que el llevar una vida desconectada de ti mismo.

Aquí os dejamos otro de nuestros artículos, por si fuera de tu interés:

Los equilibrios en la vida: no olvides lo más importante

 

 

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