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HUMANO DEVELOPMENTLas distinciones del lenguaje nos abren nuevas posibilidades y por ello queremos dedicar este artículo a mencionar algunas de ellas que son recurrentes en nuestros procesos de coaching, para después centrarnos en un ejemplo más detallado. Al trabajar con nuestros clientes observamos ciertos patrones o características de su lenguaje que nos muestran la manera en que piensan, como se observan a sí mismos o a sus circunstancias. Y es que el lenguaje es una parte intrínseca a nuestros procesos de pensamiento, que nos permite, entre otras cosas, nombrar y dar significado a las cosas, distinguiendo también entre aquello que nombramos. Porque, por un lado, sólo podemos observar lo que somos capaces de distinguir como algo diferente y, por otro lado, cuando sabemos distinguir entre las cosas adquirimos un aprendizaje que nos permite mirar más allá, ampliar nuestra mirada y modificar nuestras acciones. Esta capacidad de distinguir entre una cosa u otra es parte de nuestra capacidad de discernimiento, y en coaching lo llamamos “distinciones del lenguaje”.

Los que nos dedicamos al desarrollo de personas buscamos que nuestros clientes adquieran la habilidad de mirar las cosas de manera diferente, y encontrar nuevas opciones y soluciones a las diferentes situaciones, por ello es importante saber que la forma en que miramos y nombramos las cosas es lo que, en última instancia, crea nuestra propia realidad.

A modo de ejemplo, podemos citar algunas distinciones que se hacen muy presentes en nuestros procesos de coaching, entre otras muchas que podremos ir abordando próximamente:

  • “Hechos” vs. “Juicios” u “Opiniones”
  • “Creencia” vs. “Experiencia”
  • “Compromiso” vs. “Obligación” (o “Quiero Hacer” vs. “Debo Hacer”)
  • “Compromiso” vs. “Expectativa”
  • “Excelencia” vs. “Exigencia”
  • “Sueño” vs. “Visión”
  • “Error” vs “Fracaso”
  • “Quejarse” vs “Reclamar (o Pedir)”
  • “No Perder” vs. “Ganar”
  • “Ocuparse” vs. “Preocuparse”
  • “Respuesta” vs. “Reacción”
  • “Victima” vs. “Responsable”
  • “Aceptación” vs. “Tolerancia”
  • “Aceptación” vs. “Resignación”
  • “Ser” vs. “Estar Siendo”
  • “Hacer” vs. “Ser”
  • “Ser” vs. “Tener”
  • “Dolor Inevitable” vs. “Sufrimiento”
  • “Deseo” vs. “Necesidad”
  • “Problema” vs. “Reto”
  • “Equipo” vs. “Grupo” ……

Por ejemplo, veamos el caso de la primera distinción que hemos mencionado: “Hechos” vs. “Juicios” u “Opiniones”. Todos sabemos que las personas emitimos juicios y lo hacemos sobre mucho de lo que observamos. Los juicios son opiniones que hacemos en un momento dado sobre las personas, nosotros mismos, las cosas, las situaciones, etc. El problema es que muchas veces esos juicios son de tipo automático, reactivos, y no han pasado por un proceso que permita contemplar otras opciones o posibilidades. Como tales, muchas veces terminan formando creencias arraigadas, y estas a su vez pueden originar más juicios. Además, se acaban manifestando en determinadas declaraciones e influyen en nuestro propio comportamiento o en el de los demás. Sin duda, producen un impacto no sólo sobre nosotros mismos y nuestra capacidad de acción, sino en aquello sobre lo que emitimos el juicio, ya sea en la persona que recibe el juicio, en la situación objeto de nuestros juicios, etc.

Los juicios pueden ser “válidos” o “inválidos”, dependiendo de la credibilidad que otorgamos a la persona que emite el juicio y el contexto donde se produzcan. Pero además los juicios pueden ser “fundados” o “infundados” dependiendo de que existan “hechos” suficientes que corroboren dichos juicios y que no existan “hechos” en sentido contrario que los refuten.

Cuando emitimos un juicio éste se realiza en el presente, pero muchas veces estamos haciéndolo en referencia a ciertas situaciones acaecidas en el pasado. Además, a las personas no nos gusta la incertidumbre, e intentamos predecir de alguna manera el futuro. Al emitir el juicio, implícitamente estamos suponiendo que, en base a esas acciones observadas en el pasado, se pueden esperar ciertas situaciones en el futuro. Pero como bien sabemos, no siempre el pasado explica el futuro, porque si no se estaría desestimando la influencia de otros factores tan relevantes como pueden ser, por ejemplo, las características del contexto, el momento temporal, el rol desempeñado, las expectativas, los procesos de cambio, el aprendizaje, etc.

Para ayudarnos a fundamentar un juicio resulta útil plantearnos 5 pasos básicos:

  1. ¿Qué intención tengo al emitir este juicio? De manera más o menos consciente, todo juicio tiene una intencionalidad. Y según el juicio que formulemos, algunas cosas van a ser posibles y otras no. Por ello, es importante saber para qué se emite un juicio, que función está desempeñando ese juicio (incluida su función psicológica), y ser capaces también de visualizar la acción proyectada hacia el futuro al hacerlo.
  2. ¿En base a qué (estándares) emito ese juicio? la mayoría de nuestros estándares (nuestros raseros de medir las cosas) son de origen social, procedentes de la cultura o del grupo al que pertenecemos, y en función del contexto y de la experiencia que tengamos, lo cual a menudo cambia y evoluciona con el tiempo. Por ello es importante identificar los nuestros a la hora de emitir un determinado juicio u opinión.
  3. ¿En qué contexto (situación, entorno…) se origina ese juicio u opinión? El problema es que muchas veces el juicio emitido en un determinado contexto se extiende a otros, dejando así de ser un juicio fundado. Este proceso de generalización es muy común y se produce constantemente. Se emitirá un juicio fundado siempre y cuando se limite al dominio particular en el que se hicieron las observaciones.
  4. ¿Cuáles están siendo los hechos que soportan el juicio u opinión? En principio algo es un “hecho” cuando puede ser observado por diferentes observadores de la situación. Al introducir hechos que lo fundamentan hacemos el juicio más sólido. Y cuantos más ejemplos encontremos más seguros estaremos de que ese juicio estará fundado.
  5. Por último, ¿existen otros hechos que puedan fundamentar el juicio contrario? Muchas veces se considera que un juicio está fundamentado a partir de algunas observaciones realizadas un determinado número de veces, sin darnos cuenta de que en otras ocasiones eso no se ha producido, o bien se ha producido lo contrario.

Con este ejemplo hemos querido explicar cómo los juicios y nuestros modelos mentales nos hacen ver la realidad de una manera, reaccionando a ella, lo que establece patrones de conducta y refuerza nuestros juicios y modelos mentales. Es lo que se conoce por “ciclos reactivos”. En la medida en que seamos capaces de suspender los juicios automáticos y distinguir los “hechos” de los “juicios” se abrirán otras posibilidades a la hora de contemplar nuestra realidad. Y eso influirá en nuestras acciones y en la consecución de nuestros objetivos.

Lo que observamos en nuestras sesiones es que muchas veces los juicios no están bien fundados y limitan la acción, si bien si es verdad que en algunas ocasiones sí parece que puedan estarlo, al menos en ese momento. En este último caso lo ideal será indagar qué es lo que ha hecho hasta este momento nuestro interlocutor para conseguir sus objetivos o solucionar sus problemas, es decir, ver las soluciones intentadas de forma redundante sin éxito, y a partir de ahí explorar que otras soluciones podría contemplar.

Hay una frase, que algunos atribuyen a Kant y otros a Anais Nin, que podría perfectamente resumir mucho de lo que hemos comentado a lo largo de este artículo:

 “No vemos las cosas como son, las vemos como nosotros somos”

 

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