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En este articulo queremos hablar sobre la experiencia, en primer lugar porque la experiencia es la madre de cualquier trabajo de desarrollo que una persona pueda emprender, y la que en ultima instancia puede llegar a transformarnos, y en segundo lugar porque cada vez más parece que el ser humano se ata a todo tipo de ideas y creencias antes que mirarse a sí mismo. Esto lo podemos comprobar en las muchas publicaciones y noticias que se pueden leer estos días en los medios de comunicación en relación a los nacionalismos, los fundamentalismos, los racismos, los radicalismos, y otros tantos “ismos”.

El problema en todos estos casos es que nos dejamos llevar por todas estas ideas y creencias, y por los adoctrinamientos que recibimos de manera continuada, en lugar de aprender a basarnos en nuestra propia experiencia para conducir nuestra vida. Como alguien decía “Todo lo que está alejado de la experiencia es prestado”. Porque cuando algo es una experiencia, es real, al menos para nosotros, pero cuando es ajeno a nuestra experiencia es sólo una idea.

Estas creencias, juicios, expectativas, ideas de todo tipo, no solo políticas o religiosas, pueden conducir en último grado a la intolerancia, a no reconocer al otro como legitimo otro, y de ahí solo podemos esperar lo peor. Así, en lugar de pensar y actuar en función de aquello que hemos realizado a través de nuestro propio trabajo interior y nuestra experiencia, seguimos las ideas o creencias de otros, que no tienen porque ser las que, de la forma más genuina, surgen a la luz de la consciencia. Así somos llevados por el viento cuales hojas en otoño, somos manipulados, y vivimos en la creencia de que el problema son los otros y que las soluciones también están fuera de nosotros.

Porque cualquier solución, y el cambio posterior, debe partir de uno mismo, de un trabajo interior previamente realizado, de tu propia experiencia y de la toma de conciencia del impacto que tiene todo ello en ti y en los otros.

Esa andadura por el camino de la consciencia, y de la propia responsabilidad, debe ir acompañada por el respeto a los demás, y su propia experiencia, así como a los marcos de convivencia plural que tenemos entre todos. Porque las creencias son las gafas con las que miramos el mundo, y las verdades a las que uno pueda llegar, son verdades personales, subjetivas.

Y es que las ideas y todo ese fardo prestado de creencias anegan la experiencia del aquí y ahora, de lo que realmente ocurre. Por eso, cuando tenemos una sesión con un cliente, ya sea de terapia, de coaching, o cuando enseñamos mindfulness a otras personas, es muy habitual que, ante sus generalidades, teorías, sus ideas o creencias prestadas, algunas veces simples resistencias, les tengamos que decir: “Háblame de ti, de tu experiencia”. Y les invitemos a indagar, a explorar en sí mismos, a través de las preguntas, y a practicar la atención plena para ser conscientes de su propia experiencia. Porque como dice el viejo adagio “más vale un gramo de practica que toneladas de teoría”.

Y es que todos nosotros tenemos un ego, una mente, y podemos tener la necesidad de creer en algo, pero al menos deberíamos llegar a comprender más de cerca a esa compañera inseparable que es nuestra propia mente. Porque la mente puede ser el mayor de nuestros enemigos, pero también el mejor de nuestros aliados. Por ello, debido a todas sus acumulaciones y falta de visión clara, es necesario limpiarla, reorganizarla, para poder servirnos de ella mejor, y no que ella nos maneje tanto a nosotros. Se trataría de dejar reducido ese ego a sólo aquello para lo que es necesario, y poder llegar a utilizar nuestras mejores capacidades para aquello que con el tiempo vamos viendo que puede ser lo más provechoso. De ahí muchas veces no puede surgir otra cosa que saber amar más y mejor, a uno mismo y a los demás, y experimentar compasión por las dificultades y el sufrimiento. Porque como decía un maestro “sólo de la verdadera sabiduría se deviene la verdadera compasión”. Y es que en el mundo hay gente en la que predomina la avidez, el egoísmo, y gente que no esta comprometida con el cambio, pero también hay excelentes personas, y gente que únicamente no se ha encontrado a sí misma. Para lograr conocerse mejor, y ser más libre, no hay otro camino que el camino de la indagación y la atención plena, haciéndonos conscientes así de nuestros mecanismos mentales, de las creencias que tenemos y como impactan en nosotros y en nuestras relaciones con las demás personas.

Os dejamos el link a un artículo anterior publicado en este blog, y que también complementa lo dicho hasta ahora.

https://www.humanodevelopment.com/2017/09/13/las-creencias-impactan-vida/

Felices Navidades a todos.

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