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La caja de confort es una terminología que usamos cuando hablamos de ese espacio que nos resulta familiar, conocido, en el que todos nos encontramos la mayor parte del tiempo. Ese espacio, donde ya sabemos lo que sabemos, lo que se nos da bien, y también sabemos lo que no sabemos, lo que no se nos da bien, y donde nos manejamos más o menos con ello. Es ante todo un entorno cómodo al que ya nos hemos acostumbrado y donde operamos gran parte del tiempo “en transparencia”, es decir con el “piloto automático”, puesto que ya nos resulta familiar, cotidiano y por tanto no nos requiere un esfuerzo de atención ni nos supone un desafío en sí mismo.

En nuestra opinión, estar en la caja de confort no es en sí mismo ni bueno ni malo, se trata sólo de si estás donde quieres estar y si eso te hace sentir bien. Y creemos que esa es una pregunta que cada cierto tiempo es bueno que nos hagamos.

En un artículo anterior hablamos de “Sueño o Visión” y ese es claramente un ejemplo de esas situaciones en las que salimos de nuestra caja de confort porque algo “tira” de nosotros hacia un objetivo, un nuevo reto, un cambio y ese algo suele ser una emoción, la ilusión por lograr algo, por aprender algo, por hacer algo distinto en algún ámbito de nuestra vida, esa declaración que en un momento hacemos y nos hacemos a nosotros mismos y que empieza con un “yo quiero….”. Esto es lo que nos hace dar un paso fuera del entorno conocido para aventurarnos a aprender cosas nuevas, a intentar cosas nuevas, a soltar “viejas certezas” (en otra ocasión hablaremos de lo ilusorio de las “certezas”) y empezar a andar por un camino nuevo que muchas veces ni podemos observar en su totalidad desde el punto de partida.

Así por ejemplo, cuando hace tiempo nosotros decidimos emprender un nuevo camino profesional declarábamos a nuestros compañeros o amigos que al salir de nuestra caja de confort teníamos que “aprender a vivir con la incertidumbre” porque todo lo que teníamos era nuestro objetivo claro, nuestra ilusión y un montón de preguntas.

Salir de la caja de confort supone siempre una cierta incomodidad ya que nos confronta con lo desconocido, con lo que “no sabemos que sabemos” y con lo que “no sabemos que no sabemos” ya que entramos en nuevos escenarios, pero es la única forma de ampliar nuestras competencias, nuestras capacidades. De hecho, si nos paramos a pensar un poco, cada aprendizaje en nuestra vida ha supuesto salir un poco de la caja de confort, porque lo nuevo nos desafía, nos inquieta, pero es ese mismo reto lo que nos ayuda a avanzar, a aprender, a desarrollarnos, superando los miedos que también surgen cuando abandonamos el entorno conocido y a ampliar nuestro horizonte. Pero incluso cuando llevamos un tiempo haciéndolo y nos familiarizamos con ello, lo nuevo se convierte de nuevo en un caja de confort, más amplia, con más registros, pero se convierte en algo que nos es familiar y con lo que ya volvemos a manejarnos. Por eso decíamos al principio que en nuestra opinión estar ahí no es necesariamente ni bueno ni malo siempre, claro está, que no nos apliquemos la frase “más vale malo conocido que bueno por conocer”, porque ahí lo que declaramos es que no estamos bien pero que no nos movemos y eso ¿de verdad nos sirve?.

En HUMANO DEVELOPMENT sabemos que la caja de confort puede ser un obstáculo para el desarrollo de las propias capacidades y nuestro bienestar general. Cuando se comienza un proceso de coaching, o bien una terapia, también se sale de la caja de confort. ¿Te apetece el reto?.

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